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martes, 5 de octubre de 2010

Perder Para Encontrar

En las llanuras del deseo me derramo, me desenvuelvo silenciosa ante la nostalgia de tus caricias.

Algo que perdí entrañablemente de tu tacto se va percibiendo por mi piel, algo que osa por darme lecciones de pasión se desentierra por completo del instinto. 
Una nube misteriosa clama nuestra atención; provocando histeria colectiva y navega por nuestra sangre, vivencias compartidas esparcidas por la incesante manera de vernos.

Puede que hoy reveles ese intenso abandono que derramas cuando tiendo a tocarte de esta forma y se vuelva una expresión declaratoria.

Puede que hoy sea el momento indicado para pulverizar mi cinismo, para darle cabida a esta personalidad dulce y rebose la bóveda de incalculable ternura.

Sé que apartas de mí la insostenible resistencia, que doblegas el ánimo de mostrarme buena aún ante al acoso de ansias.

Puede que hasta un mártir me juzgue de dadivosa por cada milímetro que te cedo. Que aún al borde del infierno podría simplemente sonreírte a plena felicidad de saberte a mi lado.

En momentos como estos es cuando perdemos el miedo a dejar de respirar, cuando aún hasta el más recatado silencio viene acompañado de una sensación pura de pertenencia.

Te reto a quedarte instalado en este instante, a saberme participante y perseguidora de cada reacción.

Este día no lo llevaré en el llavero de los recuerdos, estará prendado de los hilos de mi cordura cuando todo haya acabado y el tiempo no sea más que una representación de espera.

Desestimar el poder que tienen los labios en su segunda función más importante; es obligarme a resarcirme en el acto de atrapar tus palabras, enmudecerte el hablar.

Dejar de debatirme al procurar no estar en tu pensamiento, o cuando es que debo dejarte salir del mío, pertenecernos en puntos comunes sin ser un solo caos.

No hay nada más irremediable que decirte palabras faustas y calibrar a medio de gestos la cúspide de los sentimientos.

No me importa descobijarme de la armadura emblemática de orgullosa independencia, no ante ti, no demostraría nada postrarme y reconocer esta justa como perdida.

Entre pastizales de gloria compartida desenvuelvo por primera vez frases del poemario más recóndito del papel de princesa con miedo a no ser rescatada.

Sé que has de corresponderme en una sola expresión y yo caeré en el abismo que nos depara el antiguo ritual del frenesí.

He de mostrarme serena, caminar lento y entrelazar mis dedos entre el cupo de tu admiración por este logro.

Hoy soy toda oídos al no escuchar más que latidos de anticipación, hoy me entrego en máximas de esperanza, sé que hay alguien revestido de promesas dispuesto a recibirme y sé que ese eres tú.