Archivo del blog

domingo, 22 de agosto de 2010

OLOR A TIERRA MOJADA


Siempre me ha gustado el olor a tierra mojada. De niña era realmente placentero esperarlo en primavera, no sólo las flores se renovaban también mi ánimo. Lo embotellaba cada verano para no tener que esperar tantos meses. Solía imaginarme días eternos con ese olor.

Eran finales del otoño, el aire frío se me colaba muy dentro. No habían pasado ni dos semanas desde la muerte de mi prometido. Lo habían asaltado y al azotarlo contra el pavimento, le rompieron el cráneo.

Trabajaba por las noches y hasta muy entrada la madrugada en un restaurante bar. Sin duda la muerte se revuelca con el Sr. Ironía; murió en su día de descanso, había ido a comprarme un libro. Tan sólo era la una de la tarde. El asaltante escapó y mi me avisaron en el trabajo y todo se borró después de eso.

Cuando se pierde a un ser tan importante a uno se le funden las ganas de ver la vida en todo su contexto, se le quita la brillantez al rosa que le rodeaba y todo crece con especial amargura. La tristeza viene después, esa no pide permiso se le aloja a uno en la consciencia, adormece el instinto y carcome ideales.

Eso me paso por la mente siete días seguidos. Al funeral asistieron unos cuantos de nuestros vecinos, un par de sus compañeros y uno que otro amigo suyo; todos se retiraron pronto, demasiado dolor nos embargaba, las palabras no consolaban a nadie, me pregunté si alguna vez lo hacían. Me fui a casa como pude, no lo recuerdo. Hice la limpieza, me quite el negro que era su color favorito y mío desde ese día.

Me senté en la cama y un bichito se me metió tan dentro que lo deje ponerse cómodo, que me dominara a falta de a quien cuidar le daría lo necesario para sobrevivir. No comí, no fui a trabajar, no hable y respire sólo lo necesario. Dormí tanto tiempo que aún ahora me duelen las piernas y la espalda.

Desperté alarmada, había soñado que el bichito dentro de mí se había muerto, fue tan tangible como sentir los brazos de él entorno a mi cintura. Ahora si ya nada en mí tenía vida y con ello empezó el pánico. No había bichito, ya no sentía nada y él seguiría en centrifugado. Estaba totalmente sola. Mire a mi alrededor y encontré Ricardo, mi prometido, mirándome desde su esquina favorita. No entendía su expresión, no sabía cómo es que le estaba mirando.

Me levante por inercia, me molestaba no entenderle porque entonces cómo podría ayudarlo. Yo le había prometido siempre hallar el modo, si me necesitaba, porque de eso estoy hecha, eso me había dejado de herencia mi madre en su último abrazo.

Di pasos lentos, sopesando mi peso sobre las piernas, dolían. Llegue hasta él. Esa mirada tan llena de nada, preciosa sólo por pertenecerle. Soberbio en ese traje negro, tan muerto como lo recordaba, tan mío como esperaba, mi corazón bombeaba de nuevo y aún en la debilidad levante una mano para acariciarle. Había electricidad en ese roce.

Tomó mi mano, le giro abrió mi palma y con esmero recorrió con besos la línea de la vida hasta llegar a mi pulso, donde detuvo sus labios y me observó. Yo le miraba callada con la respiración débil. Tocó mi anillo de compromiso, sonrisa de medio lado y una voz lejana salió de él –"Mátame o déjame vivir para siempre a tu lado"- Las mismas palabras que uso cuando nos comprometimos.

-'Te contesté que para siempre a mi lado'- Apenas si se oía mi voz, Ricardo asintió –'Aquí estoy para cumplir'- dijo sin más. Nunca había sido tan cautivador, tan arrebatador, tan peligroso. Me preguntaba si ese toque te lo daba la muerte. Lo abracé, le besé, lo apreté más y lo adoré porque su cabello olía a lluvia y su piel a tierra mojada.

Después de la sesión de arrebató me sentó y dijo que me haría algo de comer. Comí despacio, poco y él me animaba a más, siempre lo conseguía todo de mí. Observaba cada vez que tragaba, como bebía, cuando me vio terminar el plato dejo un paquete con un moñito coqueto. Un regalo para mí, que considerado. Lo abrí con ansía, era el libro que me había comprado ese día no me lo entregaron pensé que también se lo habían robado.

Las lágrimas me salían sin remedio y él me consolaba como tantas veces. No dijo nada sólo se quedo a mi lado, besaba mi cabello y acariciaba mi espalda. Después de un rato; me tomó del rostro, sus labios se instalaron en mi oreja y dijo suavemente –'Aquí me voy a quedar para siempre, no sé romper mis promesas, no sé cómo se deja de amar. Seré tan real como lo desees. Sé que un día me dejarás de cuidar de mí y entonces yo habré muerto'.

Regresé al trabajo y a la rutina. Todos me aprecian demasiado para preguntar por Ricardo, como para darme abrazos compasivos, organizarme salidas para despejarme. Hasta para ellos todo era demasiado reciente. Cada día me veía mejor, era productiva, un poco más callada y siempre anhelante por aprender.

Camino a casa observaba detenidamente las nubes, bailaba con el aire helado del invierno, me gustaba sentir lo suave de mi abrigo al meter las manos a los bolsillos y el sabor de mi protector labial un poco de coco otro mucho de glicerina. Ver los puestos navideños en las calles y letreros con ponche y recetas de romeritos. La vida en general mejoraba cuando abrías los ojos a ella.

Llegaba a casa, sintiendo el calor desde dentro jugando con la brisa de la calle. Me enfundaba calcetas gruesas, mis pantuflas. Un poco de música, acomodada en mi sillón quitaba el separador y esperaba el momento en que la esencia a lluvia me rodeará con sus brazos fuertes y me dejara besar sus manos sin pulso para que poco a poco me mi paladar saboreará la tierra mojada.

domingo, 15 de agosto de 2010

Adam Lambert - Whataya Want From Me (Take 40 Australia(03-09-10)

Esta canción me fascina. Adam tiene una voz increíble y esta es la versión acústica que no es más que de esas versiones tan ricas que merecen escucharse repetidas veces.

Día Inolvidable

Algo muy importante esta pasando HOY después de muchos años veremos a mi sobrina Aranza. 

Ha pasado tanto tiempo que no se me hace real. Ya veremos. Que emoción. 

Será un momento complicado, pero necesario.

domingo, 8 de agosto de 2010

Comidas de Infiernos Compartidos


Son las 3:00 p.m. la mayoría en la oficina sabe que debemos ir a comer. Se forman los grupos, propuestas de comida y yo pienso en las opciones. Si me derrumbo en la rutina iré a la cocina del edificio, es pequeña y con momentos de plena gloria silenciosa. Podría decidirme por compartir el pan con el equipo de trabajo. Hoy me decido por la compañía tumultuosa.

Llegamos a la fonda de siempre, algo me hace sentir como en mi escritorio. Será el estar rodeada de las mismas personas. Veo el menú oigo las risas y pienso en esta decisión. Tal vez debí ir a esa cocina con mi amiga y compañera de trabajo Rufina leeríamos el mismo guión. Criticaremos temas tan 'diversos': el trabajo, los chismes y las personas a nuestro alrededor y las paredes azules volverán a sentirse tan fastidiadas de escucharnos como nosotras.

Las comidas corridas son un desperdicio de opciones todos creen que es más rápido el servicio, barato e ideal para los trabajadores; para mí sólo aplica si vas solo. Después de hacer el numerito de si agua de horchata o de sandía. Nos llega el silencio tan descomunal. Una tontería para alguien que no sabe estar callado. El jefe mira orgulloso a su equipo y dice: "Ahora sí, toda la administración junta como debe de ser". Sonrisas tontas de todos, somos cómplices de pensamientos adustos.

Con la llegada de la comida inician los temas como rondas infantil pegadizas y monótonas. No nos ayuda compartir el mismo espacio en el trabajo nos embarcamos en el juego de la crítica no constructiva, de las relaciones entre el personal, los secretos compartidos, martirizar a la secretaria con su ingenuidad aprendida. Le damos vuelta a los comentarios y todos ponemos una carta. Pagamos por ver y seguimos apostando al juego sucio. Cuando ya no quedan combinaciones. Nos sorteamos temas del trabajo de cada uno. ¡Lotería! Caemos en el mismo abismo.

Tenemos la creencia que esos temas nos aligeran la comida, que la vida laboral se elimina sola al hablar de ella. No es cierto. Si algo he aprendido de esas comidas es que lo que pase en esa hora no lo llevamos a la oficina. Creamos falsas opiniones de cada persona, de las labores que se desempeña, siempre hay mala intención. Se deja muy por debajo al compañerísmo y nos hacemos los ciegos cuando el tema afecto más de la cuenta. Los sordos cuando el trabajo en equipo no funciona y no lo tomamos por el lado personal.

Terminamos molestos, incómodos ante las burlas. Se pone en duda la calidad de la persona por cuestiones laborales. Y la familia de 10 horas diarias, se derrumba; hay discusiones y todo lo dicho en una hora se queda en la mente por mucho tiempo: Los más seguro es que cuando haya problemas técnicos, un argumento válido será que se fue el jueves temprano con la jefa de área, por eso no salen las cosas, no sabe trabajar.

Podría quedarme callada y dejar que hablen o intervenir, tal vez darle giros positivos a tanto negativismo. Desistir y hacerme cada vez más amiga del silencio. La hora de la comida debería, para dejar de ser tan de funcionarios públicos y ser más seres humanos, mucho más compañeros, conocernos tal cual sin hacer presente nuestra firma o el cargo olvidarnos del grado.

Compartimos de todo un poco y hora de comida podría mejorar relaciones laborales sin ser el medio para discutirlas, no hay que complicar nuestro trabajo al ser desdeñosos con cada detalle que pueda prestarse al juego.

Hablar de trabajo en el trabajo es totalmente normal, es práctico ya que a eso nos dedicamos a colaborar en ese tiempo. Comer agregándole nuestros malestares de profesión es echarle demasiado condimento. Regresar con mucha sal en la herida y en momentos de tensión ni las gotas de limón ayudan a cicatrizar. Algún día querremos historias más dulces.

Aunque siempre prefiera el infierno por la compañía. Comer sola por ahora me sienta bien.

Ghostgirl: Lovesick (trailer)


Entré a la página de Tonya Hurley ( http://tonyahurley.com/ ) encontré no sólo noticias sobre su nuevo libro. Les dejo el trailer.

Ghostgirl: El regreso


Cómo tantos libros yo no me encontré con la serie Ghostgirl de Tonya Hurley, la historia me encontró mí. Cuando lo leí visualicé con cada escenario y sentimientos a viva voz. Es una historia genial, lectura rápida, fresca sin duda el que pareciera película para adolescentes fue lo que me atrapó. Después de leer algo de la autora entiendo porque es como un guión, tiene experiencia en películas, juegos de video y mercadotecnia juvenil.

La historia es sobre Charlotte Usher, una adolescente que al morir ahogada con un oso de gomita, descubre que aún tiene tiempo, ahora mucho más, para lograr su meta de ser popular y hacerle ver al chico de sus sueños, así como a toda la escuela, que ella existe. Termina ayudando a su grupo de singulares chicos muertos y a sí misma, se hace de una amiga increíble (Scarlet) y entiende que no era su meta lo más importante sino lo que consiguió en el camino. Un logro para sí misma y un puñado de jóvenes.

El segundo libro es: Ghostgirl: El Retorno es una novela congruente con la anterior. Me ha dejado igual de prendada que su antecesora, es divertida, la historia va creciendo al igual que las situaciones de los personajes.

El libro por fuera y por dentro sigue con la misma línea de ser tan asombroso, atrayente para todos los sentidos. El diseño en portada negra y detalles brillantes en morado; por cada una de sus 303 páginas observamos que visualmente no decepciona. Es un trabajo artístico bien elaborado.

Si bien cada capítulo sigue teniendo las líneas de canciones o de frases de diferentes autores, personajes ye demás es difícil no encariñarse con las pequeñas reflexiones en de quien pareciera la narradora de la historia; todo esto da mucho tono a cada capítulo.

En cada episodios nos lleva a un mundo en cuál todos hemos pasado; en un mundo de adolescencia donde aún en tiempos de madurez nos es difícil dejar atrás aquello que quisimos y no pudimos obtener en esa época.

Por otra parte nos da una idea prácticamente detestable de lo que nos espera al otro lado estado, seguir aprendiendo y pasar por los mismos niveles de enseñanza es como no morir. Pero esa idea nos hace ver que la frase de "Pasar a mejor vida" podría no ser desatinada, ya que al final, como nos lleva a pensar el libro; al morir no se termina la vida, sólo se nos acaba el aire.

Uno puede creer que la protagonista en esta secuela cambiaría en sus ensoñaciones de ser el centro de atención, o que incluso se le vería en otras instancias pero sigue metida en el Más Allá en espera y aprendiendo. Ahora tendrá que atender llamadas y ser la consciencia de quienes como ella tienen problemas; sin duda es su materia pero Charlotte no recibe ni una llamada. Todo se complica en el mundo de Scarlet, su hermana Petula está a punto de morir, cosa que hace que Damen se acerque de nuevo a ella. Con la ayuda de Charlotte las dos harán lo posible para remediar todo en tiempo record sin perder ninguna otra vida.

Me llama la atención que en el edición de este libro no haya una biografía de Hurley, no hay fotos; como quien nos dice que ella no es lo importante. Lo que si es que encontramos son sus agradecimientos y para novedad agrega un listado de canciones, muy al estilo de Stephanie Meyer (Crepúsculo), se la crees totalmente, no es una copia de estilo porque quién no se inspira con determinado tipo de música, si le agregamos que Tonya hace referencia de ellas en sus capítulos, les da el título de las canciones y conjugan perfectamente con cada momento, todo juega en tu mente y ello se encuentra la diferencia, eso es genialidad.

Ahora sólo queda esperar la tercera entrega, más aventuras de cada unos de los personajes. Mi preferida siempre Scarlet pero sin Charlotte no habría historia, ni lecciones que aprender. Es un libro actual, con temas de siempre, con los sentimientos que todos entendemos, por eso leerlo no es moda, es entretenimiento.


viernes, 6 de agosto de 2010

Rastro de aceptación


No puedo evitar este tema. Llevo toda la semana en ello. Mi amiga me ha dejado con todo un embrollo para pensar. Y el que se me atropellen las ideas tiene que ver con esta idea que al parecer no es nada absurda.

Ella sólo me dijo: "Él te hacía feliz" (implícito en la frase: "No te había visto así con alguien").

No puedo creer que lo haya dicho o que me soltará tan fuerte declaración. En ese momento sólo me petrificó la idea, se me instaló en el recuerdo, lo sazoné, le di doble vuelta (a su debido tiempo) y se me enganchó al corazón.

Aceptar que alguien fue tan importante en tu vida, no es un proceso sencillo. Aceptar que esa persona simplemente, aún con todo lo especial que es, no puede estar a tu lado, es peor. En mi caso no tengo que aceptarlo, tengo que tragarlo, dosificarlo y con singular tristeza decir que las cosas son cómo deben de SER.

A que bien sabe este bocado de realidad. A mí amiga le agradezco el gesto, me hacía falta que alguien me diera el portazo sin aviso alguno, nadie mejor que ella.


Sí, él me hacía feliz. Suministrándome un poco de aceptación, para que duela menos.