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martes, 27 de diciembre de 2011

Verte

Verte aquí y contemplar lo que es lo que será

Comprobar que no hay historia más cierta, más infinita

Que la que encuentro al tomarte de las manos

Responder al instinto de protegerte

Demostrar que hay más Lunas que las que hemos visto


Te encontré flotando en mi mundo de papel

Me recordaste vidas pasadas

Ilusiones deshechas y peculiaridades olvidadas

Reabriste mi ensueño y creaste el lienzo perfecto


Ayudaste a desenrollar mi elaboraba utopía

Te soñé en el primero acto de mi obra

Desperté al descubrir que no había telón

Ahora vivo consciente de que no eras humo sin razón

Sino personaje a todo color, espacio y dimensión


Se derriten palabras de entre mis labios para rodearte

Guirnaldas de elogios para brindarte

Mi sinceridad para adornarte y con detalles alegrarte


Rendido se haya el aislamiento ante ti se ha vuelto vulnerable.

Hoy sobrada se le ve a la razón abrazando al corazón

Encuentro el significado de normalidad porque encontré mi lugar

Te quedarás dentro, urdido en mis sueños de ojos abiertos

Y te llevaré aquí en desvelos, ya que de ellos siempre serás el dueño.

sábado, 29 de enero de 2011

Enero

Suele ser maravilloso encontrarse con las mismas intensiones y sentirse dueña de las emociones que nos lleven al precipicio que suele ser el principio. Pero he de negociar contigo mi derrota, no hacerte tan placentera mi confesión, no quiero que te traces una vía que solidifique esa soberbia que se te asoma por los dientes.

No quiero comentarios sarcásticos referentes a todo lo que debí de pasar para meditar, en lo tonto que suena mi voz con cada regaño, en los abrazos que me guarde para momentos lejanos. En cada sol que desperdicié siendo una conspiradora en mi contra.

Me derrumba el olvidarme de quien era a expensas de este día, quien logró hacer pequeña la barda que tan bien había tapiado, quién supo dejar de un lado la careta de suficiencia que tanto imponía. Quien descifro mi acertijo. Quien me dejo al principio de las teorías y refuto cada hipótesis.

Entonces desenvuelvo con guantes blancos esa personalidad que estaba marchita, revivo en el fondo de una fórmula para darle paso a la noticia que tanta gracia te causa. Dudo una vez, dos o puede ser que tres, pero algo está claro en mi mente y es que no miento en esa ocasión no estoy siendo imprudente.

Podré sentirme ofendida o manipulada ante este hecho pero si de algo estás a salvo conmigo es de que no vacilo cuando de confesiones hablo, no hay en ellas sorna ni manipulaciones. Sólo depende de mis palabras para hacerte llegar mi entera rendición.

No hay nada más intimidante que revelarme ante esa mirada tuya llena de expectativas, de sinceridad desbordada. Encontrarme frente a ti, no salvaguarda mi fortaleza, saber que dirás las palabras correctos ante mis frases no hace que mis latidos bajen su ritmo.

Repaso el contorno de tu mandíbula, la pequeña marca al lado de ese hoyito que se hace al sonreír, hace prominente tu sentido del humor. Esa forma tan curiosa que tienes para mirar bajo cuando estás poniéndome atención. Frunces el ceño para indicar tu espera.

Y yo que no hago más torturarnos. Quisiera borrarte esa seguridad que muestras al tomarme la mano y repasar lentamente mis dedos, es como si jugaras al ciego y me reconocieras cada línea, como si quisieras hacer suspirar cada uno de mis poros.

Pero es parte de lo que hace que no pueda hablar, que me sea tan complicado si quiera respirar. Me apremias rozándome la mejilla, urgido de mis palabras. No hay más miedo, porque no cabe ningún otro sentimiento aquí tan dentro, tan expansible, todo este tiempo lo he sentido, pero hoy lo digo como un hecho consumado. Te amo.

martes, 5 de octubre de 2010

Perder Para Encontrar

En las llanuras del deseo me derramo, me desenvuelvo silenciosa ante la nostalgia de tus caricias.

Algo que perdí entrañablemente de tu tacto se va percibiendo por mi piel, algo que osa por darme lecciones de pasión se desentierra por completo del instinto. 
Una nube misteriosa clama nuestra atención; provocando histeria colectiva y navega por nuestra sangre, vivencias compartidas esparcidas por la incesante manera de vernos.

Puede que hoy reveles ese intenso abandono que derramas cuando tiendo a tocarte de esta forma y se vuelva una expresión declaratoria.

Puede que hoy sea el momento indicado para pulverizar mi cinismo, para darle cabida a esta personalidad dulce y rebose la bóveda de incalculable ternura.

Sé que apartas de mí la insostenible resistencia, que doblegas el ánimo de mostrarme buena aún ante al acoso de ansias.

Puede que hasta un mártir me juzgue de dadivosa por cada milímetro que te cedo. Que aún al borde del infierno podría simplemente sonreírte a plena felicidad de saberte a mi lado.

En momentos como estos es cuando perdemos el miedo a dejar de respirar, cuando aún hasta el más recatado silencio viene acompañado de una sensación pura de pertenencia.

Te reto a quedarte instalado en este instante, a saberme participante y perseguidora de cada reacción.

Este día no lo llevaré en el llavero de los recuerdos, estará prendado de los hilos de mi cordura cuando todo haya acabado y el tiempo no sea más que una representación de espera.

Desestimar el poder que tienen los labios en su segunda función más importante; es obligarme a resarcirme en el acto de atrapar tus palabras, enmudecerte el hablar.

Dejar de debatirme al procurar no estar en tu pensamiento, o cuando es que debo dejarte salir del mío, pertenecernos en puntos comunes sin ser un solo caos.

No hay nada más irremediable que decirte palabras faustas y calibrar a medio de gestos la cúspide de los sentimientos.

No me importa descobijarme de la armadura emblemática de orgullosa independencia, no ante ti, no demostraría nada postrarme y reconocer esta justa como perdida.

Entre pastizales de gloria compartida desenvuelvo por primera vez frases del poemario más recóndito del papel de princesa con miedo a no ser rescatada.

Sé que has de corresponderme en una sola expresión y yo caeré en el abismo que nos depara el antiguo ritual del frenesí.

He de mostrarme serena, caminar lento y entrelazar mis dedos entre el cupo de tu admiración por este logro.

Hoy soy toda oídos al no escuchar más que latidos de anticipación, hoy me entrego en máximas de esperanza, sé que hay alguien revestido de promesas dispuesto a recibirme y sé que ese eres tú.

domingo, 22 de agosto de 2010

OLOR A TIERRA MOJADA


Siempre me ha gustado el olor a tierra mojada. De niña era realmente placentero esperarlo en primavera, no sólo las flores se renovaban también mi ánimo. Lo embotellaba cada verano para no tener que esperar tantos meses. Solía imaginarme días eternos con ese olor.

Eran finales del otoño, el aire frío se me colaba muy dentro. No habían pasado ni dos semanas desde la muerte de mi prometido. Lo habían asaltado y al azotarlo contra el pavimento, le rompieron el cráneo.

Trabajaba por las noches y hasta muy entrada la madrugada en un restaurante bar. Sin duda la muerte se revuelca con el Sr. Ironía; murió en su día de descanso, había ido a comprarme un libro. Tan sólo era la una de la tarde. El asaltante escapó y mi me avisaron en el trabajo y todo se borró después de eso.

Cuando se pierde a un ser tan importante a uno se le funden las ganas de ver la vida en todo su contexto, se le quita la brillantez al rosa que le rodeaba y todo crece con especial amargura. La tristeza viene después, esa no pide permiso se le aloja a uno en la consciencia, adormece el instinto y carcome ideales.

Eso me paso por la mente siete días seguidos. Al funeral asistieron unos cuantos de nuestros vecinos, un par de sus compañeros y uno que otro amigo suyo; todos se retiraron pronto, demasiado dolor nos embargaba, las palabras no consolaban a nadie, me pregunté si alguna vez lo hacían. Me fui a casa como pude, no lo recuerdo. Hice la limpieza, me quite el negro que era su color favorito y mío desde ese día.

Me senté en la cama y un bichito se me metió tan dentro que lo deje ponerse cómodo, que me dominara a falta de a quien cuidar le daría lo necesario para sobrevivir. No comí, no fui a trabajar, no hable y respire sólo lo necesario. Dormí tanto tiempo que aún ahora me duelen las piernas y la espalda.

Desperté alarmada, había soñado que el bichito dentro de mí se había muerto, fue tan tangible como sentir los brazos de él entorno a mi cintura. Ahora si ya nada en mí tenía vida y con ello empezó el pánico. No había bichito, ya no sentía nada y él seguiría en centrifugado. Estaba totalmente sola. Mire a mi alrededor y encontré Ricardo, mi prometido, mirándome desde su esquina favorita. No entendía su expresión, no sabía cómo es que le estaba mirando.

Me levante por inercia, me molestaba no entenderle porque entonces cómo podría ayudarlo. Yo le había prometido siempre hallar el modo, si me necesitaba, porque de eso estoy hecha, eso me había dejado de herencia mi madre en su último abrazo.

Di pasos lentos, sopesando mi peso sobre las piernas, dolían. Llegue hasta él. Esa mirada tan llena de nada, preciosa sólo por pertenecerle. Soberbio en ese traje negro, tan muerto como lo recordaba, tan mío como esperaba, mi corazón bombeaba de nuevo y aún en la debilidad levante una mano para acariciarle. Había electricidad en ese roce.

Tomó mi mano, le giro abrió mi palma y con esmero recorrió con besos la línea de la vida hasta llegar a mi pulso, donde detuvo sus labios y me observó. Yo le miraba callada con la respiración débil. Tocó mi anillo de compromiso, sonrisa de medio lado y una voz lejana salió de él –"Mátame o déjame vivir para siempre a tu lado"- Las mismas palabras que uso cuando nos comprometimos.

-'Te contesté que para siempre a mi lado'- Apenas si se oía mi voz, Ricardo asintió –'Aquí estoy para cumplir'- dijo sin más. Nunca había sido tan cautivador, tan arrebatador, tan peligroso. Me preguntaba si ese toque te lo daba la muerte. Lo abracé, le besé, lo apreté más y lo adoré porque su cabello olía a lluvia y su piel a tierra mojada.

Después de la sesión de arrebató me sentó y dijo que me haría algo de comer. Comí despacio, poco y él me animaba a más, siempre lo conseguía todo de mí. Observaba cada vez que tragaba, como bebía, cuando me vio terminar el plato dejo un paquete con un moñito coqueto. Un regalo para mí, que considerado. Lo abrí con ansía, era el libro que me había comprado ese día no me lo entregaron pensé que también se lo habían robado.

Las lágrimas me salían sin remedio y él me consolaba como tantas veces. No dijo nada sólo se quedo a mi lado, besaba mi cabello y acariciaba mi espalda. Después de un rato; me tomó del rostro, sus labios se instalaron en mi oreja y dijo suavemente –'Aquí me voy a quedar para siempre, no sé romper mis promesas, no sé cómo se deja de amar. Seré tan real como lo desees. Sé que un día me dejarás de cuidar de mí y entonces yo habré muerto'.

Regresé al trabajo y a la rutina. Todos me aprecian demasiado para preguntar por Ricardo, como para darme abrazos compasivos, organizarme salidas para despejarme. Hasta para ellos todo era demasiado reciente. Cada día me veía mejor, era productiva, un poco más callada y siempre anhelante por aprender.

Camino a casa observaba detenidamente las nubes, bailaba con el aire helado del invierno, me gustaba sentir lo suave de mi abrigo al meter las manos a los bolsillos y el sabor de mi protector labial un poco de coco otro mucho de glicerina. Ver los puestos navideños en las calles y letreros con ponche y recetas de romeritos. La vida en general mejoraba cuando abrías los ojos a ella.

Llegaba a casa, sintiendo el calor desde dentro jugando con la brisa de la calle. Me enfundaba calcetas gruesas, mis pantuflas. Un poco de música, acomodada en mi sillón quitaba el separador y esperaba el momento en que la esencia a lluvia me rodeará con sus brazos fuertes y me dejara besar sus manos sin pulso para que poco a poco me mi paladar saboreará la tierra mojada.

domingo, 15 de agosto de 2010

Adam Lambert - Whataya Want From Me (Take 40 Australia(03-09-10)

Esta canción me fascina. Adam tiene una voz increíble y esta es la versión acústica que no es más que de esas versiones tan ricas que merecen escucharse repetidas veces.

Día Inolvidable

Algo muy importante esta pasando HOY después de muchos años veremos a mi sobrina Aranza. 

Ha pasado tanto tiempo que no se me hace real. Ya veremos. Que emoción. 

Será un momento complicado, pero necesario.